Miércoles de ceniza

Empieza la cuaresma

Cuándo
17 de Feb 2021 de 00:00h a 23:59h
Dónde
Cómo llegar

La Cuaresma es un tiempo de oración, de limosna y de ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón imitando los cuarenta días de penitencia que Jesús vivió en el desierto.


Imposición de la ceniza

Las palabras que se usan en la imposición de la ceniza, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.


Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su vida moralmente poco ejemplar a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación (llamado también Confesión) en el día del Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Así representaban su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos; y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra imponer la ceniza al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Por lo tanto, la Cuaresma tiene un sentido penitencial que consiste en la conversión del pecador: actos interiores y exteriores para reparar por los pecados cometidos. Cambiar de vida, es el pecador que vuelve a Dios, siendo bueno, o después de no creer, alcanzar la fe. ¿Y cuáles son las manifestaciones de penitencia? Son tres: el ayuno, la oración, y la limosna (cfr. Catecismo Iglesia Católica, nº 1434).


El ayuno y la abstinencia

La verdadera conversión del corazón se manifiesta en la conducta. Por eso la Iglesia establece unas obras de penitencia en la Cuaresma y, -además de las obras de penitencia que cada una quiera proponerse-, pide que el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo sean días de ayuno y abstinencia; y en todos los viernes de Cuaresma vivir la abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. (El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia en no comer carne). Es un modo de pedirle perdón a Dios por haberle ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarle siempre con su ayuda.


La oración

La oración en este tiempo es especialmente importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios al tratarlo y ver qué necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios y de nuestros hermanos. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios por cada una y cada uno; y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad que nos lleva a entregarnos buscando el bien de los demás.


La limosna

La limosna es dar dinero a los que pasan necesidad. Se basa en la caridad: en amar a Dios y a los demás como a uno mismo. Ahora sigue teniendo especial actualidad en estos momentos de crisis económica. Hay que plantearse seriamente, con motivo de la Cuaresma, nuestra propia aportación a las acciones de servicio a los necesitados: Cáritas, Tercer mundo, o cualquier otra. Teniendo en cuenta que, si es verdad que todos sufrimos las consecuencias de la crisis, también lo es que unos las sufren mucho más que otros…

La limosna tiene también otro nivel: la limosna de tiempo. Es decir, dar una parte del propio tiempo como servicio a alguien que lo necesite: sea ayudando a una persona que vive sola, o visitando a un enfermo o a través de alguna institución que pida voluntariado.


Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Confesión. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. El Miércoles de Ceniza es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde sus días en el desierto (con oración, ayuno y penitencia) hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

En concreto, debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de descubrir lo que nos falta para parecernos más a Cristo; y de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean. Le pediremos a Dios su luz y su fuerza para convertir nuestra vida de ahora en adelante en un seguimiento de Jesús.