Como es tradición en La Farga, los alumnos de 2º de Bachillerato cierran el curso subiendo la montaña que da nombre a su promoción. Este año, sin embargo, el reto parecía casi imposible: el Mont-roig, con 2.864 metros de altura y un desnivel acumulado de 1.500 metros, se presentaba como un desafío demasiado exigente, y en un primer momento se descartó la ascensión.
Aun así, la ilusión de algunos alumnos no desapareció. Tras meses madurando la idea, un pequeño grupo decidió hacerla realidad. Acompañados por Miguel Masó, antiguo alumno del colegio y montañista experimentado, y por Esteban Moreno, profesor del centro, los jóvenes emprendieron una aventura de fin de semana dividida en dos etapas.
El sábado salieron de La Farga en coche hasta los pies del Mont-roig, desde donde caminaron hasta el refugio donde pasarían la noche. A las 5:30 de la mañana del domingo retomaron la marcha, decididos a alcanzar la cima. El esfuerzo mereció la pena: las vistas espectaculares y el silencio majestuoso de la alta montaña se combinaron con una experiencia de convivencia profunda y sincera.
“Tuvimos conversaciones que nunca antes habíamos tenido”, confiesa uno de los participantes. “Todos volvimos a casa con un tesoro”. Más allá del reto físico, este fin de semana en el Mont-roig se convirtió en un símbolo de amistad, superación y recuerdo imborrable para cerrar una etapa y empezar una nueva.